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El voto rural y de ciudades intermedias dan ventaja a Evo al inicio de la campaña


Carlos Mesa ganaría las elecciones si solo fueran en ciudades capitales. Ortiz no logra romper el techo del 10% y la bolsa de indecisos es cada vez menor, con un fuerte acento en el voto blanco y nulo. El resto de los candidatos está por debajo del 3%


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22/07/2019

Evo Morales parte con una buena ventaja en el inicio de la campaña electoral, pero tiene una luz de emergencia prendida que puede hacer peligrar su tercera reelección. Según un estudio de opinión realizado por CiesMori para EL DEBER (2.015 entrevistas, alcance nacional, 2,2% de margen de error) el binomio del Movimiento Al Socialismo alcanza el 37% de intención de votos, por sobre el 26% que tiene decidido votar por Carlos Mesa. Óscar Ortiz está tercero con el 9%, Víctor Hugo Cárdenas 3% y los otros postulantes no llegan a esta cifra, el mínimo para salvar la sigla de su partido o alianza.

Desde hoy, los candidatos podrán pedir el voto ciudadano en actos públicos -es decir, hacer campaña- y Morales parte con un colchón de 11 puntos sobre Mesa, pero con un problema que se hace evidente en la parte más ‘fina’ del estudio: el hombre que gobierna en el país los últimos 13 años y medio está perdiendo en la suma de ciudades capitales más El Alto, donde Mesa lo aventaja por cinco puntos (32 contra 27%). La fuerza electoral del oficialismo se basa en su desempeño en ciudades intermedias (definida metodológicamente en esta encuesta como aquellos espacios que no son capitales de departamento y tienen más de 30.000 votantes inscritos en su padrón) y sobre todo en las áreas rurales y ciudades con menos de 30.000 inscritos, donde arrasa a Mesa y continúa siendo hegemónico.

La votación de los dos principales candidatos para ganar las elecciones del 20 de octubre, son inversamente proporcionales. Mientras Mesa parece haber consolidado un tercio de la preferencia electoral de las ciudades, Morales conserva poco más de un cuarto del bolsón de votos de las capitales, pero sube su desempeño mientras más se aleja de los centros de administración de cada departamento (27%, capitales más El Alto, 37% ciudades intermedias, 48% área rural y ciudades pequeñas). Con Mesa pasa lo contrario, se hace más débil en las periferias (32% en capitales más El Alto, 30% en ciudades intermedias, 18% en áreas de población más dispersas).



Ortiz, en cambio, tiene una votación más ‘plana’, con un desempeño muy similar en todos los núcleos poblacionales (su voto es casi exclusivamente cruceño).

Reflejo fiel

Esta tendencia del voto puede ser explicada por la estructura misma de los partidos de los dos principales candidatos. El Movimiento Al Socialismo tiene una fuerte base territorial, pero una flaca estructura urbana, casi siempre plagada de conflictos internos y con dificultad incluso para conseguir voceros en las principales ciudades del país. Comunidad Ciudadana, prácticamente no tiene estructuras, pero se alimenta del descontento que ha acumulado el Gobierno en los últimos años, focalizado en las ciudades y que ha crecido desde el 27 de noviembre de 2017, cuando el Tribunal Constitución Plurinacional habilitó a Morales para una tercera reelección.

Esto también puede explicar los distintos énfasis en las listas de candidatos, sobre todo en las ciudades clave. El MAS apostó por invitados por sobre su militancia y se arriesgó a generar más descontento entre su militancia rural (como el caso de Potosí, con Orlando Careaga), a cambio de personajes con mayor influencia urbana. En La Paz, entendiendo que Mesa es fuerte en la hoyada, puso candidatos para enamorar a El Alto, un reducto olvidado en las listas de Comunidad Ciudadana. Lo mismo sucede con Ortiz: su mayor artillería de ‘cuadros’ está en Santa Cruz, donde alineó a toda su plana mayor, buscando preservar el fortín de Demócratas para garantizar la supervivencia partidaria más allá del 20 de octubre.



A eso se suman las apuestas programáticas y de gestión. El MAS se ha olvidado de hablarle a las ciudades en sus 13 años de Gobierno (salvo a La Paz, con el teleférico) y ha implementado un fondo para intervenciones urbanas en el último año. Comunidad Ciudadana apuesta fuerte por ellas, al incluir las ‘ciudades inteligentes’ en su plan de Gobierno, pese a que es más una competencia de los municipios.

El mito de los jóvenes

Durante el último año, se ha puesto énfasis en la importancia del voto joven, de los sub-40. Evo Morales aventaja por 10 puntos a Mesa en el voto ‘centennial’ (de 18 a 25 años), pero reduce a dos puntos su ventaja entre los jóvenes-adultos (de 25 a 35 años). El discurso de ‘renovación’ de Mesa no ha calado entre los jóvenes, que al parecer no perciben como un nuevo aire en la política y apuestan a la continuidad.

En la franja adulta de los votantes (de 35 a 45 años), Morales vuelva a ampliar su ventaja a 11 puntos, mientras que, en el segmento de mayores de 45 años, la diferencia escala hasta los 17%. Ortiz, de nuevo, tiene una tendencia más o menos plana (entre 8 y 10%) en todos los rangos de edades. Ahí hay un dato interesante para Cárdenas. El postulante de UCS duplica su votación en el segmento de mayores de 45 años (llega al 4%).

Si hubiera que caracterizar al votante de Evo Morales, sería una mujer, de entre 18 y 25 años, con un nivel de instrucción de técnica superior y vive en una ciudad intermedia de la zona metropolitana de Cochabamba. El de Mesa es un hombre, profesional, de entre 25 y 35 años y vive en una ciudad capital del sur del país.



El votante de Óscar Ortiz es un técnico superior de Santa Cruz, mayor de 45 años.

Convencer a los descontentos

Una mala noticia para los partidos que recién comienzan su campaña es que hay poco indeciso por convencer (solo un 7% no sabe o no responde cuál es su voto). Hay un 2% que no quiere decir por quién votará. La clave de esta elección puede pasar por tratar de conquistar a los escépticos, a los que han decidido ya votar blanco o nulo. De hecho, hoy son la tercera fuerza y suman 12% y decidirán si hay o no segunda vuelta. Si se mantienen de esta forma, Morales sería presidente solo con la redistribución de votos válidos, poniendo en un segundo plano a la importancia de los indecisos. Así, las fuerzas en pugnas deberán encontrar la forma de ‘hablarle’ a los que no se sienten representados por nadie.



 




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